Comemos menos, gastamos más y cocinamos diferente: la Red PAC analiza cómo están cambiando los hábitos alimentarios en España


Comemos menos, gastamos más y cocinamos diferente: la Red PAC analiza cómo están cambiando los hábitos alimentarios en España

02 de Octubre de 2026

Calidad y cadena alimentaria

La nueva publicación de la Red PAC revela una transformación de la cesta y la cocina españolas: cae el volumen de alimentos adquirido, aumenta el gasto y crece la búsqueda de productos prácticos y fáciles de preparar


  • La nueva publicación de la Red PAC revela una transformación de la cesta y la cocina españolas: cae el volumen de alimentos adquirido, aumenta el gasto y crece la búsqueda de productos prácticos y fáciles de preparar

  • El descenso del consumo de algunos pilares de la dieta mediterránea, el auge de los platos preparados y la compra digital plantean nuevos retos y oportunidades para productores, comercio de proximidad y cadena agroalimentaria

La forma en que comemos cuenta también cómo está cambiando nuestra sociedad. Hogares más pequeños, nuevos ritmos laborales, menos tiempo para cocinar, una población más envejecida y diversa, la presión de los precios, la digitalización y una mayor sensibilidad hacia la salud y la sostenibilidad están transformando qué alimentos compramos, dónde los adquirimos y cómo llegan finalmente al plato. España come hoy menos cantidad que hace unos años, gasta más en alimentación y desperdicia menos, mientras la conveniencia gana terreno y algunos alimentos estrechamente ligados a la dieta mediterránea pierden presencia en los hogares. Entender esa transformación y buscar fórmulas que permitan adaptar un modelo alimentario saludable, sostenible y vinculado al territorio a la vida actual es el punto de partida del nuevo dosier de la Red PAC “Nuevas tendencias en los hábitos de consumo y Dieta Mediterránea: iniciativas y estrategias”. 

La publicación, editada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) bajo el marco de la Red PAC, analiza los cambios recientes en el consumo alimentario y sus efectos sobre la dieta mediterránea, pero amplía la mirada hacia el conjunto de la cadena: desde agricultores y ganaderos hasta industria, distribución, comercio y consumidores. El dosier combina estadísticas, bibliografía especializada y conocimiento de las entidades colaboradoras con iniciativas y propuestas para afrontar uno de los grandes interrogantes de nuestro sistema alimentario: cómo comer bien y de forma sostenible en unas condiciones de vida que han cambiado profundamente. 

España come menos, gasta más y desperdicia menos

Tres cifras resumen buena parte de la transformación. Entre 2016 y 2024, el consumo alimentario per cápita en España pasó de 661 a 572 kilos al año, una reducción de casi 90 kilos y del 13 %. En ese mismo periodo, el gasto aumentó de 1.528 a 1.787 euros por persona, cerca de 260 euros más, un 17 %. 

Pero a esa aparente contradicción se añade una tercera tendencia positiva: el desperdicio alimentario en los hogares cayó desde 1.304 millones de kilos en 2016 hasta 1.097 millones en 2024, casi 207 millones de kilos menos, lo que supone una reducción del 15,8 %. El dosier relaciona esta evolución con factores como una mayor percepción del valor de los alimentos, una mejor planificación de las compras, el aprovechamiento de las raciones y una creciente conciencia social sobre el desperdicio. 

La inflación explica parte de esta ecuación, pero no toda. Como señala la publicación, “el consumo está cambiando porque el consumidor está cambiando”. Existen más hogares y son más pequeños, hay menos niños y crece el peso de las personas mayores. Los hogares formados por jubilados representan ya el 26,9 % del volumen total de alimentos consumidos, circunstancia que tiene efectos sobre el tamaño de los formatos, las cantidades compradas y la preferencia por productos fáciles de almacenar y preparar. 

El resultado es una cesta cada vez más condicionada no solo por cuánto cuesta un alimento, sino también por cuánto tiempo requiere prepararlo, cuánto se puede aprovechar y en qué medida se adapta a la vida cotidiana.

De los guisos a la freidora de aire: cambia la forma de cocinar

La cocina española también se transforma. Y probablemente pocas imágenes lo expliquen mejor que el paso del guiso prolongado a la plancha, las ensaladas, los alimentos listos para consumir y la freidora de aire.

Los platos preparados han aumentado su consumo un 45,24 % desde 2013. Solo en 2024 crecieron otro 5,1 % en volumen y alcanzaron los 806 millones de kilos y los 4.424 millones de euros en los hogares españoles. 

Esta búsqueda de conveniencia no implica necesariamente que desaparezca la cocina tradicional. Entre los diez platos con mayor presencia en los hogares españoles en 2024 aparecen las lentejas, la tortilla de patata, la sopa de pasta o la merluza, junto a preparaciones sencillas como la ensalada verde, la ensalada de tomate o la pechuga de pollo y opciones como la pizza.

Más que una ruptura completa con lo anterior, el dosier identifica por tanto una adaptación de la alimentación a nuevas condiciones materiales y sociales. Cambian los tamaños de los hogares, los horarios y el tiempo disponible, y con ellos lo hacen las técnicas culinarias y los formatos. La producción, la industria y la distribución ya responden a estas demandas mediante pescado limpio y fileteado, nuevos cortes de carne, legumbres cocidas, productos vegetales de IV gama o ingredientes que reducen los tiempos de preparación. 

El reto no parece estar en elegir entre tradición y modernidad, sino en encontrar fórmulas para que la comodidad sea compatible con una alimentación equilibrada.

La dieta mediterránea ante el desafío de adaptarse a la vida actual

Es precisamente ahí donde la transformación adquiere una dimensión que trasciende los hábitos domésticos. La dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, constituye un modelo que integra alimentos, formas de cocinar, temporalidad, territorio y elementos culturales y sociales alrededor de la comida. Sin embargo, algunos de sus componentes muestran una evolución descendente en los hogares españoles. 

Entre 2006 y 2023, el consumo doméstico de las distintas categorías de aceite de oliva disminuyó un 29,06 %, al pasar de 402,6 millones a 285,62 millones de litros. En el caso del pescado fresco, la reducción alcanzó el 35,49 %, desde 571,45 hasta 368,66 millones de kilos. 

El análisis del dosier evita, sin embargo, explicaciones simples. En el pescado, por ejemplo, parte del cambio está relacionado con la progresiva preferencia por filetes limpios, conservas, elaborados y formatos que facilitan su preparación. En el aceite intervienen elementos como los precios, las técnicas culinarias que requieren menos grasa añadida y la propia disminución de guisos, frituras y sofritos en la cocina doméstica. 

También existe distancia entre las recomendaciones alimentarias y la frecuencia efectiva de consumo de determinados grupos de alimentos. El documento recoge una estimación de alrededor de cuatro raciones semanales de verduras y hortalizas frente a las 21 recomendadas, además de un consumo de frutas y legumbres inferior a las recomendaciones utilizadas como referencia. 

La conclusión que atraviesa el dosier resulta especialmente relevante: el desafío no consiste en intentar reproducir el modelo de vida que hacía posible la cocina de generaciones anteriores, sino en adaptar los valores nutricionales y culturales de la dieta mediterránea a las condiciones actuales.

Porque mantener viva una dieta no significa conservarla inmóvil.

Precio, salud, sostenibilidad y proximidad: así decide el nuevo consumidor

¿Qué hace entonces que un alimento termine dentro de la cesta?

La respuesta es cada vez menos sencilla. El dosier dibuja un consumidor que busca simultáneamente precio, comodidad, proximidad, salud, sostenibilidad y confianza, aunque la importancia de cada elemento varía según la situación.

El 35 % de los consumidores sitúa el precio como el factor más importante, pero, al mismo tiempo, aproximadamente la mitad tiene en cuenta la sostenibilidad en sus compras y el 59 % prioriza productos locales en su compra semanal. 

Estas cifras no describen necesariamente un consumidor contradictorio, sino uno contextual. Una misma persona puede buscar precio para determinados productos, pagar más por otro al que atribuye una determinada calidad, recurrir al supermercado por comodidad, comprar alimentos frescos en el comercio de proximidad y realizar una compra por Internet cuando necesita ahorrar tiempo.

Esta realidad obliga al sector agroalimentario a competir cada vez sobre más variables. Ya no basta con producir buenos alimentos: aspectos como la presentación, el tamaño, la conveniencia, la información sobre el origen, la trazabilidad, la sostenibilidad o la facilidad para cocinar están ganando peso en la relación entre alimento y consumidor. 

España lidera la producción ecológica europea, pero el consumo interno mantiene margen de crecimiento

La producción ecológica refleja otra de las paradojas que atraviesan los nuevos hábitos alimentarios.

España dispone de alrededor de 2,95 millones de hectáreas dedicadas a producción ecológica y se sitúa como el país de la Unión Europea con mayor superficie bajo este sistema de gestión y producción agroalimentaria. La producción ecológica alcanzó en 2024 un valor aproximado de 4.796 millones de euros.

Sin embargo, el consumo doméstico todavía ofrece margen de crecimiento: el gasto en estos productos fue de 2.890 millones de euros y representó el 3,25 % del gasto alimentario de los hogares. 

El precio continúa actuando como barrera para una parte de los consumidores. El propio dosier muestra que en 2024 el precio medio de los alimentos ecológicos fue alrededor de un 28 % superior al del conjunto de la alimentación. La oportunidad para el sector reside, por tanto, no solo en incrementar la producción, sino también en ampliar el mercado interno y facilitar que la sostenibilidad productiva sea compatible con la accesibilidad económica.

El medio rural conserva algunos patrones de consumo diferenciales

El lugar donde vivimos también influye en nuestra relación con la comida.

El análisis recogido por la publicación detecta diferencias entre municipios rurales y entornos urbanos. En localidades de menos de 2.000 habitantes se consume un 9,4 % más de hortalizas frescas y de temporada respecto a la media nacional considerada en el estudio de referencia, mientras las conclusiones del dosier apuntan a una mayor presencia en la España rural de producto fresco, cocina desde cero y determinados patrones tradicionales. 

Ese comportamiento convierte al territorio en otra variable relevante para comprender la evolución del sistema alimentario. Producto local, comercio de proximidad, mercados, cooperativas y cadenas cortas no son únicamente canales de venta: pueden contribuir también a reforzar el vínculo entre agricultura y ganadería, alimentación, paisaje, economía local y cultura gastronómica.

Una publicación de la Red PAC para entender el presente y anticipar el consumo del futuro

El dosier “Nuevas tendencias en los hábitos de consumo y Dieta Mediterránea: iniciativas y estrategias” tiene como objetivo analizar los cambios registrados durante los últimos años en el consumo alimentario, estudiar cómo afectan a la dieta mediterránea y divulgar iniciativas capaces de favorecer decisiones de consumo saludables y económica y socialmente sostenibles. 

La publicación conecta este análisis con la Estrategia Nacional de Alimentación (ENA) y, específicamente, con sus líneas destinadas a impulsar las dietas mediterránea y atlántica y sensibilizar sobre el valor de la alimentación. Sobre este marco, plantea además propuestas en diferentes ámbitos del sistema agroalimentario y reúne experiencias de entidades públicas y privadas. 

Porque detrás de la pregunta aparentemente sencilla “¿qué comemos?” hay otras muchas: quién lo produce, cuánto cuesta, dónde lo compramos, cuánto tiempo tenemos para prepararlo, qué información utilizamos para elegirlo, qué impacto tiene sobre el territorio y cómo puede responder el sector agroalimentario a unas preferencias en permanente evolución.

La alimentación española está cambiando. El reto no consiste en detener esa transformación, sino en conseguir que salud, dieta mediterránea, sostenibilidad, proximidad y territorio encuentren también su lugar en el plato del futuro.

➡️ Consulta y descarga el dosier completo “Nuevas tendencias en los hábitos de consumo y Dieta Mediterránea: iniciativas y estrategias”, editado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y elaborado en el marco de la Red PAC.